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Revelan carta de Hipolito a Leonel en el 2003 poniéndolo claro que el fraude de baninter inicio en 1989 y en que el 2002 la economía dominicana era mejor que en agosto del año 2000


A continuación la carta original enviada por Hipólito Mejía a Leonel Fernández:


Señor Presidente.


De los análisis de los expertos internacionales, organismos multilaterales de financiamiento, entidades internacionales que dan seguimiento al desarrollo de las naciones del mundo y de la región, del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos, de los representantes de gobiernos extranjeros en nuestro país, de funcionarios de su propio gobierno y de la Asociación de Bancos de la República Dominicana, puede concluirse que:

a) La crisis bancaria fue el resultado de un fraude para beneficiar a los propietarios o a empresas y personas vinculadas de los bancos que provocaron la crisis.

b) El fraude ocurrió durante un extenso período de tiempo que incluyó, no sólo mis dos primeros años de gobierno, sino los cuatro anteriores presididos por Usted.

En este sentido, Usted puede solicitarle al Gobernador del Banco Central que le envíe la documentación donde se revela que en el caso del Baninter, el fraude comenzó a gestarse en 1989.

c) La supervisión bancaria antes de que explotara la crisis fue muy deficiente. Esto incluye la supervisión de los últimos quince años, lo que incluye los cuatro años del gobierno que Usted presidió de 1996 al 2000. Fue durante mi gobierno que el fraude bancario se descubrió y una vez comprobado, actuamos en consecuencia, sometiendo a la acción de la justicia a los responsables del mismo.

d) Los responsables del fraude lograron burlar no sólo a las autoridades supervisoras y a la autoridad monetaria del país. Firmas internacionalmente reconocidas como la

Price Waterhourse Coopers fueron también burladas, a pesar de contar con recursos técnicos más calificados que los que generalmente ha tenido la Superintendencia de Bancos de la República Dominicana. El Gobernador del Banco Central actual podría enviarle copia de la carta enviada por Price aterhouse Coopers al Presidente del Baninter, en la que revela que esa firma de auditores externos también fue burlada por los ejecutivos de dicho banco.

e) Casi todos los expertos y organismos mencionados reconocieron que la decisión de rescatar a los depositantes de los bancos fraudulentamente quebrados se tomó dada la percepción de que de no hacerlo el resto del sistema bancario podía contagiarse, dando lugar a una crisis sistémica que hiciese colapsar el sistema de pagos. Las autoridades actuales del Banco Central podrían ratificarle si es o no cierto que 19 asociaciones de ahorro y préstamo, 3 bancos múltiples tenían depósitos sustanciales en el Baninter y varios fondos de pensiones, planes de retiro, así como depósitos de fundaciones, organizaciones no gubernamentales e iglesias.

f) La crisis económica y financiera del 2003, que se manifestó en forma de una fuerte

devaluación, inflación acelerada, aumento del déficit del sector público debido al surgimiento de un considerable déficit cuasi fiscal del Banco Central, pérdida de reservas, aumento de la deuda pública, y estancamiento económico, fue desencadenada por la crisis bancaria, y no al revés, como Usted y algunos de sus funcionarios han señalado. Ninguno de los expertos y organismos mencionados ha afirmado que en el 2001 y 2002 el país estaba inmerso en una crisis económica.

g) Fueron los fraudes bancarios los que provocaron una intensa oleada de incertidumbre y  desconfianza, que condujo a una mayor dolarización y fuga de capitales. La desconfianza y la incertidumbre, por tanto, no la produjo la política económica del 2001-2002 sino el descubrimiento del enorme fraude bancario, que

h) Tanto el FMI como el Gobierno dominicano, consideraron que debía darse a conocer a toda la nación, para dejar claramente establecido que los responsables de los fraudes bancarios tendrían que pagar las consecuencias de sus acciones en los términos establecidos por la justicia dominicana.

i) Acogerse a las fórmulas de liquidación y disolución que preveía la Ley Monetaria y

Financiera, en opinión de los expertos, no resultaba viable en el caso del colapso del banco de mayor tamaño del país, si quería evitarse un efecto dominó o de contagio sobre el resto de los bancos del sistema. Por eso, el FMI exigió la aprobación de una Ley complementaria (la ley de Programa Excepcional de Prevención del Riesgo para Entidades de Intermediación Financiera) a la Ley Monetaria y Financiera, pues esta última no contemplaba la ocurrencia de situaciones como la que se presentó en República Dominicana en el 2003.

j) La decisión de vender en 1996 el Banco del Comercio Dominicano al Baninter, cuando ya este último llevaba siete años violando las normas bancarias con el llamado banco paralelo que se escondía en cuentas bajo el título de “interbanco”, lamentablemente, constituyó una decisión incorrecta. Si la memoria no me falla, creo que fue a mediados de 1997, siendo Usted Presidente de la República que el Baninter adquirió el Banco del Comercio Dominicano, un banco con serios problemas de liquidez y de solvencia, que antes de ser entregado al Baninter, fue saneado por el Banco Central.

La hipótesis que Usted y algunos de sus funcionarios, específicamente el Presidente del

Consejo de Asesores Económicos y el Secretario de Estado de Finanzas, sostienen que fue la política económica ejecutada en los dos primeros años de mi gobierno, la causante de la crisis bancaria que enfrentó el país en el 2003, ha conmovido no sólo a la sociedad dominicana sino también a círculos gubernamentales, multilaterales, financieros y económicos internacionales.

El asombro ha sido enorme, pues todas las evidencias y análisis de expertos internacionales, de organismos multilaterales de financiamiento, no dejan dudas de que la causa de la crisis bancaria fue un fraude que se venía gestando desde 1989 y que comienza a repercutir en agosto del 2002, explota en abril del 2003 y se da a conocer a todo el país en mayo del 2003.

El Baninter comenzó a enfrentar problemas de liquidez en agosto-septiembre del 2002. Por si Usted no lo recuerda, la economía dominicana estaba creciendo a una tasa relativamente elevada durante el primer semestre del 2002, ascendente a 7.3%. El déficit del sector público consolidado era de 2.2% del PIB, inferior al de 4.3% que Usted me entregó en agosto del 2000. El déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos era de 4.3% del PIB durante los primeros 9 meses del 2002, inferior al 6.7% que Usted me entregó en agosto del 2000.

Hipólito Mejía En agosto del 2000, Usted me entregó una economía con una tasa de cambio de RD$16.50 por dólar. En agosto del 2002, es decir, dos años después, la tasa de cambio era de RD$18.46 por dólar, para una depreciación acumulada en dos años de 11.9%, la cual estaba bastante en línea con la inflación de 14.3% que se verificó de agosto del 2000 a agosto del 2002, revelando que el tipo de cambio real no sufrió movimientos bruscos que pudiesen atentar contra ningún sector particular de la economía. No se por qué algunos de sus funcionarios sostienen que cuando el Baninter comenzó a solicitar asistencia de liquidez de parte del Banco Central en agosto del 2002, la tasa de cambio ascendía a 20, 23 ó 26 por uno, cuando en realidad era de 18.46 por dólar, lo cual utilizan para sustentar la tesis absurda de que fue la “crisis cambiaria” la que detonó la crisis bancaria.

No olvide, Señor Presidente, que usted me entregó un Banco Central con apenas US$197 millones de Reservas Internacionales Netas, que como Usted no habrá olvidado se debió a la decisión suya de no ajustar los precios de los combustibles en octubre de 1999 y la decisión tomada por las autoridades del Banco Central de consumir gradualmente las reservas que existían en ese momento hasta llegar a agosto del 2000. Las reservas se desplomaron en US$350 millones de diciembre de 1999 a agosto del 2000. En agosto del 2002, cuando Baninter comenzó a solicitar asistencia de liquidez, las Reservas Internacionales Netas del Banco Central eran de US$546 millones, casi tres veces las que Usted me entregó.

Como ve, Señor Presidente, los indicadores económicos que mostraba la economía dominicana durante los primeros 8 meses del 2002, eran mejores que los que Usted me entregó en agosto del 2000. La revisión cuidadosa de los mismos no permite a ningún analista calificado deducir que dichos indicadores, derivados de la política económica anticíclica que adoptamos para hacer frente a los choques externos negativos que enfrentamos en el 2001 y el 2002, fueron los causantes del fraude bancario que se descubrió en el 2003.

La crisis del Baninter, del Bancrédito y del Banco Mercantil no fue provocada por la política económica, sino por prácticas que los expertos internacionales catalogan como fraudes y manejos administrativos totalmente alejados de las normas establecidas.

Permítame, con todo respeto, Señor Presidente, formularle la siguiente pregunta: ¿Si como Usted dice, fue la supuesta mala política económica de mi gobierno la que provocó la crisis del Baninter, Bancrédito y Banco Mercantil, por qué entonces no quebraron también los demás bancos del país?

La respuesta a esta pregunta, para todos los expertos internacionales y organismos multilaterales de financiamiento, es obvia. Para todos ellos, el origen de la crisis fue un fraude, nada más. Por eso es que a todos ha conmovido y sorprendido la muy extraña hipótesis que Usted y algunos de sus funcionarios han presentado.

No puedo dejar pasar la oportunidad para explicarle el por qué en mi gobierno se tomó la decisión de salvar a los depositantes, más allá de las razones avanzadas más arriba por expertos internacionales y organismos multilaterales de financiamiento, quienes hacen sus planteamientos sobre la base de la experiencia en el mundo cuando el colapso se localiza en un “banco muy grande para colapsar” y las autoridades temen ante la posibilidad real del contagio del resto del sistema, lo que acarrearía, en ausencia del rescate de los depositantes, el colapso del sistema de pagos y el surgimiento de una gran y prolongada recesión en nuestro país.

Durante años los diferentes gobiernos que hemos tenido, incluyendo los suyos y el mío, han luchado por estimular a los dominicanos a que ahorren e inviertan en el país. Durante años, en múltiples ocasiones, las autoridades de la Superintendencia de Bancos, reiteraban a los ahorrantes y depositantes en el sistema bancario, que la banca dominicana era sana y sólida, que no había nada que temer, afirmaciones que se realizaban sobre la base de los estados financieros que los bancos entregaban a las autoridades supervisoras. En abril del 2003, al revelarse el fraude, teníamos dos opciones: rescatar o no a los depositantes que habían creído en lo que los diferentes gobiernos, durante años, les habían dicho: que ahorrar y depositar en nuestros bancos era seguro. Su misma Fundación, Señor Presidente, la Fundación Global Democracia y Desarrollo se encontraba entre esos depositantes del Baninter, con 2 cuentas corrientes, 1 cuenta de ahorro y 64 certificados financieros que totalizaban RD$119,132,136.98.

No dudé un solo instante en reconocer que la decisión tomada por las autoridades monetarias y financieras de mi gobierno fue la correcta. Reconozco que la forma en que se rescató a los depositantes y ahorrantes, con títulos y certificados de corto plazo, es un tema que está sujeto a debate y argumentaciones. Pero cuando se está frente a un riesgo de contagio tan elevado como el que percibían las autoridades monetarias y el propio FMI, no hay mucho espacio ni tiempo para teorizar, mientras cientos de miles de depositantes y ahorrantes de todo el sistema están a la espera de señales para determinar si mudan o no sus ahorros al exterior.

La decisión que se adoptó constituyó un ejercicio de justicia y responsabilidad de Estado, aún conciente de los efectos políticos negativos que esto ocasionaría a mi gobierno y a mi futuro político, que en esos momentos disfrutaba de una amplia ventaja en los sondeos de  popularidad. Estaba simplemente haciendo un mea culpa por cuenta de todos los gobiernos de la década de los 90’s, principalmente del suyo correspondiente al 1996-2000, por haber sido incapaces, de sentar las bases necesarias para salvaguardar los sagrados ahorros de pueblo.

No conozco una sola crisis bancaria en el mundo que no haya tenido serias repercusiones  fiscales. La nuestra costó 21% del PIB. La de Argentina (1980) e Indonesia (1997) costaron 55% del PIB, China (1999) 47%, Jamaica (1995) 44%, Chile (1981) 42%, Tailandia (1997) 35%, Macedonia (1993) 32%, Uruguay (1981) y Turquía (2000) 31%, Israel (1983) 30%, Corea del Sur (1997) 28%, Japón (1992) 24%, Venezuela (1994) 22%, Ecuador (1998) 20%, y México (1994) 19%. ¿Por qué generan estos costos fiscales? Porque al final de cuentas, el riesgo de no rescatar a los bancos y/o los depositantes es demasiado elevado. En nuestro caso, no podía rescatarse a los bancos porque el colapso tuvo origen en fraudes. Por eso, a quien se rescató de manera directa fue a los ahorrantes y depositantes.

Presidente, no me dejó Usted otra alternativa que salir en defensa de mi gestión, señalándole aspectos relevantes e incontrovertibles de los informes de todos los expertos internacionales contratados por el FMI y otros organismos multilaterales, que por su naturaleza y profesionalidad mantienen una actitud totalmente independiente, sin ataduras políticas y sin aferramientos a posiciones públicas, a diferencia de algunos funcionarios que por sobresalir e impresionar a sus Presidentes, nos llevan a hacer afirmaciones sin fundamentos, en lugar de informarnos objetiva y profesionalmente.

Señor Presidente. La crisis bancaria provocada por actividades fraudulentas de algunos banqueros privados es un tema sumamente serio y, por tanto, requiere que todos lo tratemos con la seriedad y profundidad que amerita. Eso lo incluye a Usted como Presidente de la República y a mi como ex Presidente. El precio que todos los dominicanos hemos tenido que pagar por el fraude cometido por banqueros privados ha sido enorme. Dejemos que la justicia haga su trabajo y evitemos, con nuestras declaraciones, perturbar el trabajo trascendental que realiza un Poder, que como el Judicial, debe operar al margen de las presiones políticas.

Finalmente, lo invito a que reflexione profundamente sobre este tema. Si por razones que  desconocemos, le resulta incómodo reconocer en el fraude de banqueros privados la única y verdadera razón detrás de la crisis bancaria del 2003, evalúe si el silencio constituye una opción menos irritante para el país, que la postulación de hipótesis basadas en el criterio de que todo lo malo se debe al gobierno anterior.

Le exhorto a mirar hacia delante, poniendo urgente atención a los graves problemas que podrían estarse incubando en la economía nacional, por una excesiva y extemporánea rigidez normativa para la banca, específicamente en lo relativo el Reglamento de

Evaluación de Activos, fruto de imposiciones del FMI, no obstante los enormes progresos en materia de solvencia, capitalización y mejoramiento de los mecanismos de gobernabilidad que ha experimentado en los últimos dos años la banca nacional.

Aprovecho la ocasión para reiterarle que su gobierno contará siempre con mi respaldo para la aprobación de todas aquellas reformas y medidas que requiera nuestro país para hacer frente a los retos y oportunidades que nos presenta el CAFTA-RD, así como las iniciativas coherentes que permitan resolver el problema de la deuda del Banco Central, pues mientras no enfrentemos de raíz  el significativo déficit cuasi-fiscal, no será posible garantizar la  permanencia de la estabilidad de los precios. Me parece que el rol que ha desempeñado el Poder Legislativo, en el cual el Partido Revolucionario Dominicano exhibe una participación mayoritaria, aprobando todas las reformas que su gobierno ha sometido para su conocimiento, es una muestra clara de que para nuestro partido y para quien suscribe, el país  está primero que nuestros intereses partidarios o particulares.(Lea todos los Wikileaks sobre República Dominicana)

Para esos propósitos puede contar con nuestro apoyo,

Atentamente,

Hipólito Mejía

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Mejía envió en ese momento una carta al presidente Leonel Fernández, en la cual opinaba sobre los casos de los fraudes bancarios que estaban en procesos judiciales, posición que la Embajada de los Estados Unidos resaltó en un cable enviado al Departamento de Estado el 2 de agosto de 2005, con el número 003864.

Este cable forma parte de los más de 2 mil documentos sobre República Dominicana que una fuente del gobierno de Estados Unidos entregó al portal Wikileaks, que los ha puesto a disposición del público.

“El documento de Mejía es concreto, amplio, sobrio y bien razonado. Su dignidad y su adhesión a los intereses nacionales elevan su perfil tremendamente y están en fuerte contraste con el análisis con mucha labia del “gran cuadro”, relativamente resbaladizo, que Fernández suele alargar en apariciones públicas y privadas”, expone el cable.

Sostiene que, en contraste, Leonel Fernández en varias ocasiones culpó de la crisis financiera y económica de 2003-2004 a la “mala gestión” de la economía de Hipólito Mejía, mientras omitía visiblemente cualquier mención a los fraudes bancarios.

En abril del 2003, al revelarse el fraude, teníamos dos opciones: rescatar o no a los depositantes que habían creído en lo que los diferentes gobiernos, durante años, les habían dicho: que ahorrar y depositar en nuestros bancos era seguro. Su misma Fundación, Señor Presidente, la Fundación Global Democracia y Desarrollo se encontraba entre esos depositantes del Baninter, con 2 cuentas corrientes, 1 cuenta de ahorro y 64 certificados financieros que totalizaban RD$119,132,136.98.

“La carta enviada por Mejía a Fernández el viernes pasado, además de asumir la nueva postura digna de un estadista, hizo al país el servicio de documentar la creencia de la comunidad de expertos e instituciones internacionales de que el fraude en Baninter y otros bancos fue la principal causa de la crisis económica de la nación en el período 2003-2004, y que el fraude no se había detectado, o no se había perseguido, hasta que los regímenes de contabilidad en pirámide se derrumbaron a finales de 2002”, argumenta.


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