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Sara Perez: Leonel es producto y expresión de la miseria de un pueblo, no de sus anhelos y esperanzas


El PLD, va a dar mucha agua de beber en la República Dominicana.

Para empezar, repetirá la hazaña, (que no necesita tanta destreza de los gobernantes, sino pocas aspiraciones de los gobernados), de Santana, Báez, Trujillo, Balaguer, (lo mejor de lo mejor, de la exitosa escoria política dominicana), de encabezar el Poder Ejecutivo por varios períodos gubernamentales.

Leonel será el candidato presidencial del PLD en las próximas elecciones del 2020. Y va a ganarlas,


La muchedumbre de aspirantes competidores, puede ahorrarse sus cuartos de campaña e irse de vacaciones para Madagascar. Leonel se va a quedar en el palacio hasta el 2044 y cuidado, porque la reforma constitucional para permitir la reelección presidencial por más de dos períodos consecutivos, no la despinta nadie. Y el PRD se lo tiene merecido.

El relativamente joven político, (después de Balaguer, todos los políticos parecen jóvenes en RD), se ha afianzado como la opción más "potable" para un espectro de sectores sociales en el que se incluyen, desde izquierdistas con "estómagos de derecha", (la definición fue hecha por uno de ellos mismos), hasta los neotrujillistas que han encontrado en este incoloro político, estilo huevo sin sal, un capitán eficiente, cuya pericia consiste en mantener el barco encallado, sin que zozobre, (que era el riesgo que se corría con Hipólito), pero sin que avance hacia ningún sitio.

Para algunos grupos , resulta absolutamente idílica una República Dominicana que mantenga intactas la obsolescencia de sus estructuras estatales, la campante corrupción administrativa, la crónica inoperancia del sistema para democratizar la distribución de los ingresos y el acceso a los servicios de educación, salud, vivienda, alimentación, transporte y energía eléctrica.

En tanto, a Leonel ya se le atribuye una serie de cualidades, directamente proporcionales a los pocos criterios y a la mucha obsequiosidad de quienes las enuncian: Le dicen gran orador a un tipo totalmente soporífico, de cuyos discursos, lo único que se recuerda son las frases desafortunadas y ridículas, como lo del Nueva York chiquito.

Ya hay quienes admiran la sagacidad de un político del montón, encumbrado en la basura y no en los sueños, cuya estrategia es imitar a Balaguer, en vez de contribuir a extirpar esa infección.

Le endosan una visión moderna del Estado, a quien no ha tenido el más remoto escrúpulo para usar recursos estatales acrecentando fortunas privadas, en campañas políticas y sobornando opositores, aparte de mantener la tradición de un gobierno que funge de sombrilla para amparar desmanes y crímenes de sus favorecidos y allegados. ¿Por qué no están condenados y presos los que se robaron los cuartos de Baninter? ¿Quién mató a Eduardo David Rodríguez?

Leonel Fernández es tan descaradamente burdo y es tanto lo que confía en la incapacidad de reacción de sus súbditos, que elimina la factura consular y sube entre un 20 y un 30 por ciento la tarifa de los servicios consulares y aparte aumenta la carga de botellas en el servicio exterior, para pagarles las reverencias y los aplausos a los que vivaquean atrás de él.

Estando más o menos al tanto de la jerga de moda en las "cumbres" y seminarios internacionales, (y teniendo a mano el auxilio de Carlos Dore), se ha labrado una reputación de persona instruida, de mentalidad moderna y capacidad ejecutiva, cuando en realidad es un conchoprimista obtuso, de vocación arbitraria y ejecutorias lastimosas, incapaz de una sola -una sola- inicitiva de reingeniería social relevante, que rebase el objetivo del relumbrón político y se circunscriba en un proyecto de desarrollo integral en el que la noción de "progreso", sea menos estúpida y grosera, que la que se mide con el metro de Diandino.

Leonel es un político insípido y amorfo, un chapucero clientelista, que no es carne ni pescado y no tiene más agenda que la de mantenerse en el poder, como una garrapata entre las orejas de un perro.

Leonel es producto y expresión de la miseria de un pueblo, no de sus anhelos y esperanzas. Es un político sin alas, que no puede mirar hacia las estrellas, porque está demasiado enterrado entre las alcantarillas.

La República Dominicana va a cargar mucho tiempo con esa rémora.


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